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A
finales de los años 70, la industria suiza del
reloj de bolsillo atravesó un grave período de
crisis. En el plano mundial, el número de unidades
producidas en Suiza, diminuyó pasando de un 43%
.a un 15%.
Era la hora de reaccionar.
El siguiente hecho en la historia del reloj
Swatch sucede en 1978, la aparición en
el mercado del reloj más delgado jamás concebido
constituyó, para los relojes suizos, un desafío
que había que aceptar.
De
esta confrontación resultó la decisión de crear
un reloj de bolsillo más delgado
todavía. En esa oportunidad, los relojeros suizos
no solamente establecieron un nuevo record mundial,
sino que inventaron igualmente un nuevo método
de fabricación. Según el principio de la caja
de una sola pieza, la parte inferior del reloj
constituía la placa de base del mecanismo. Éste
se instalaba por arriba y el cristal de zafiro
se colocaba en el último lugar. Se trataba de
una simplificación radical y sin embargo fue un
éxito total. Pero, ¿sería posible utilizar el
plástico para la creación de un reloj de calidad
a un precio moderado? Los suizos se consagraron
a ese nuevo desafío.
El mecanismo, así como el montaje del reloj
de bolsillo, debían ser simplificados.
Se necesitaba igualmente poder insertar ese mecanismo
lateralmente y que tuviera una base idéntica tanto
para los modelos masculinos como para los femeninos.
Gracias al avance tecnológico en la historia del
reloj, los relojeros lograron limitar el número
de piezas a 51, en lugar de las 91 necesarias
habitualmente. Lo que parecía antiguamente una
utopía se había hecho realidad.
En 1983 nació el Swatch, un paso más en la historia
del reloj, creando un reloj de bolsillo
de cuarzo fabricado en Suiza, de plástico, hermético,
de alta precisión, resistente a los golpes, a
buen precio, ideal para la producción en serie
y disponible en un amplio abanico de colores.
Ese producto joven e innovador se convirtió -
y sigue siéndolo todavía- en un símbolo de entusiasmo,
de placer y de alegría de vivir, una exclusividad
suiza. |